sábado, 17 de noviembre de 2018

otoño



Con el otoño llegan las temperaturas más bajas y las hojas coloridas, pero en el mundo de la poesía el otoño representa la melancolía, los paisajes sombríos, el pasado irrecuperable y la muerte, como vemos en estas citas otoñales de poetas españoles e hispanoamericanos.
En el alto otoño del mar
lleno de niebla y cavidades,
la tierra se extiende y respira,
se le caen al mes las hojas.
Pablo Neruda, "Testamento de otoño"


El cárdeno otoño
no tiene leyendas
para mí. Los salmos
de las frondas muertas,
jamás he escuchado,
que el viento se lleva.
Yo no sé los salmos
de las hojas secas,
sino el sueño verde
de la amarga tierra.- 
- Antonio Machado, "Otoño"


El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Ángel González,


"El otoño se acerca"
Abandonada al lánguido embeleso
que alarga la otoñal melancolía,
tiembla la última rosa que por eso
es más hermosa cuanto más tardía.
[...]
Y en una blanda lentitud, dichosa
con la honda calma que la tarde vierte,
pasa el deshojamiento de la rosa
por las manos tranquilas de la muerte.- 
Leopoldo Lugones, "Rosa de otoño"


Aquel verano, delicado y solemne, fue la vida.
Fue la vida el verano, y es ahora
como una tempestad, atormentando
los barcos fantasmales que cruzan la memoria.
[...]
Se muere el mar de otoño
y hay niños que apuñalan las estatuas
y las olas arrastran candelabros, sables rotos.
Alguien que no conozco me persigue llorando
-pero sé que el verano fue la vida.- 

Felipe Benítez Reyes, "Las sombras del verano"


El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Federico García Lorca, "Alma ausente"


Aquí llega el otoño, con su voz de ceniza,
desalentando sueños, cubriendo de hojarasca
las imágenes rotas que el corazón conoce.- 
Jon Juaristi, "Cambra de la tardor"


Melancolía
Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía... Historias
que tienen casi blancos mis cabellos.- 
Manuel Machado, "Melancolía"


Habernos conocido
un otoño en un tren que iba vacío;
La radiante, aunque cruel
promesa del deseo.
La cicatriz de la melancolía
y el viejo afecto con el que entendemos
los motivos del lobo.
[...]
Los poemas, que son cartas anónimas
escritas desde donde no imaginas
a la misma muchacha que un otoño
conocí en aquel tren que iba vacío.- 
Joan Margarit, "Cosas en común"


No vuelven las mujeres con las cuales
cambiabas años de tu soledad
por un fugaz momento de ternura.
Tan ardiente es la vida en el otoño,
que en las horas de angustia no podrás
amar ni a la mujer que ya has perdido.- 
Joan Margarit, "Edad roja"


Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
[...]
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.-

       Pablo Neruda, "Poema 06"


Si no hay conocimientos en las cenizas
dejémoslas caer en la belleza frágil
de este rosal que tiembla en el otoño.- 
Francisco Brines, "Despedida al pie de un rosal"

Belleza del durmiente
que agita imperceptible el mudo pecho
para alzarse después con mayor vida;
como en la primavera los árboles del campo.)
¿Cómo en la primavera...?
No es lo que veo, entonces, trastorno de la muerte
sino el soñar del árbol, que desnuda,
su frente de hojarasca,
y entra así cristalino en la honda noche
que ha de darle más vida.
[...]
Las rotas alas de la noche caen
sobre este vasto campo de ceniza:
huele a carroña humana.
La luz se ha vuelto negra, la tierra
sólo es polvo, llega un viento
muy frío.
Si fuese muerte verdadera la de este bosque de oro
sólo habría dolor
si un hombre contemplara la caída.
Y he llorado la pérdida del mundo
al sentir en mis hombros, y en las ramas
del bosque duradero,
el peso de una sola oscuridad.-
Francisco Brines, "Otoño inglés"


Afegeix la llegenda

miércoles, 5 de septiembre de 2018

vacaciones 2018

      Durante mis vacaciones en Llanars (en la Vall de Camprodon Girona) en el acogedor pueblo, en mi sills di grandes paseos, lo que encontré muy bonito y cuidado, las grandes extensiones de hierba verde y recortada en los parques El Toro o Mossen Lluís, daba gusto pasearse en ellos. Cada tarde nos llovió.

      También la riera de Feitús, es brozada en un largo trazado dejando ver el cauce, un lugar acogedor, donde leí parte del libro es mentado, al murmullo del agua al chocar con las piedras. Todo un placer. Visité La Roca, Sant Pau de Seguries y Camprodon.

       Vencí mis miedos de adaptación, lavabo, cama, mí andar cansino, venció los 74 cortos pasos por 4 veces al día, para acostarme y levantarme. Estoy contento de tal proeza. Apoyado con fuerza a mí andador (balcón) pasito a pasito, cansado muy cansado, vencí lo que más temía. 

      Le estoy agradecido a mí ELA que me tocó para vivir, que aun después de diez y siete años del diagnóstico, me permita hacer estas proezas, dentro de mis limitaciones. Josep 











UN ANDAR SOLITARIO ENTRE LA GENTE

Antonio Muñoz Molina 
(recomiendo su lectura)

Tú Decides lo que Quieres y Cuándo lo Quieres. Quiero vivir así, con esta ligereza, entre las caminatas y los libros, con el cuaderno y los lápices y la mochila al hombro, con mis botas fuertes y cómodas, que impulsan elásticamente mis talones y los músculos de las piernas, el émbolo de hueso del fémur engarzado en la pelvis, con su fortaleza de osamenta primitiva, la base que se aposenta la columna vertebral. Quiero vivir a pie, vivir a mano, vivir a lápiz, vivir a mi aire, a lo que salte, al aire que mueve mí cuerpo al desplazarse, como las brazadas de los nadadores, a lo que salta y lo que aparece a cada momento delante de mí. Quiero no salir de mi asombro. Quiero dejar a un lado o en suspenso lo que soy y lo que llevo conmigo y volcarme más bien en lo que llega y en lo que voy encontrándome, como esos personajes de los cuentos antiguos que no tienen pasado ni otra biografía que la de sus encuentros por los caminos, la gente con la que conversan, lo que escuchan furtivamente cuando se para a descansar y les llega una conversación  en una mesa contigua, al otro lado de la puerta. Quiero ir con una ropa ligera y suficiente y con las manos en los bolsillos, y a ratos oscilando al ritmo binario de la caminata. Quiero buenos bolsillos en los que quepa lo que voy encontrando, alguno lo bastante holgado para llevar en él un libro; u libro ligero, desde luego, de bolsillo, que no pese mucho, que se deje leer a ratos y rachas, que pueda leerse de  principio a fin también a saltos, al azar, a salto de mata. Quiero sentirme instalado en el tiempo como en un paisaje anchuroso que no tengo ninguna urgencia por atravesar, aunque disfrute mucho caminando rápido.

Vive en la Isla donde las cosas Son Invisibles. Recuerdo los caminos del campo holandés, a las afueras de Ámsterdam, la tierra plana y el cielo atlántico dilatando el espacio sin hacerlo opresivo ni ajeno. Quiero tener mi cuarto, con mis papeles, mi música, mis cuadernos, mis fotos, mis tarros y estuches de lápices, la ventana muy ancha por la que entre todo el día una luz pálida, el sillón con escabel donde me siento a leer con una vista del cielo sobre las terrazas de Madrid. Pero me gusta llevar mi cuarto conmigo, como un escribano ambulante, y poder instalarme en cualquier momento en cualquier sitio. Quiero quedarme en un café  mirando por la ventana y leyendo el periódico o no haciendo nada más fijarme en la gente que pasa, prestar atención a las conversaciones cerca de mí. Quiero sacar mi cuaderno y mi lápiz en la mesa corrida de una biblioteca pública o en el restaurante  en el que como solo y aprovecho la espera para hacer una anotación rápida, el borrador de algo que no quiero que se me olvide, el apunte verbal de una cara que me atrae en una mesa cercana. Me gusta el silencio en mi cuarto y el rumor de la gente a mí alrededor en las bibliotecas y en los cafés.


lunes, 18 de junio de 2018

verbenas



Nos encontramos a la puertas de San Juan, este año cae en domingo, arderán hogueras por doquier, sonaran los típicos petardos, habrá fiesta verbenera coca y moscatel, dicen que es “el día más largo del año”, y digo yo, si es así también “será la noche más corta”.
 Para los que somos mayores, en casa, un poco de coca, para no olvidar las verbenas de antaño pasadas, en mi contador ya son setenta y cinco las verbenas vividas.
Nací en una casa de payes, de niño me conformaba con una pequeña hoguera, de hierbas y cuatro cañas secas, la coca elaborada en casa.
De petardos ni uno. Nada teníamos, nada nos faltaba. Conformados con poca cosa, nos hemos hecho mayores. Para navegar con la abundancia actual…
Ahora todo es grande y nosotros también, crecimos a golpe de verbenas.
Felicitar a los Juanes y Juanas, un santo bien señalado en el calendario.
Set felices! 
Josep

     Por una calle solitaria, un hombre
de blusa azul, el rostro mal rapado,
los ojos inocentes y tranquilos
y el corazón ligero, aprieta el paso.
Lleva en la mano diestra
un bulto envuelto en un pañuelo blanco.
Dobla la esquina.
                         -¿A dónde vas?
              -Le llevo,
un poco de comida a ese muchacho.
Antonio Machado

Quiero llorar mi pena y te lo digo…
Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.

Federico Garcia Lorca

Soneto de la dulce queja
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Federico Garcia Lorca

Noche del amor insomne
Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Federico Garcia Lorca


Llagas de amor
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora. 


Federico Garcia Lorca

Soneto gongorino
Este pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando

Federico Garcia Lorca

sábado, 19 de mayo de 2018

bailar por la ELA



Josep Rof, paciente de ELA desde 2001: “Me ha llenado muchísimo poder ayudar, compartir muchos correos con otros pacientes”

Publicado el 18 de mayo de 2018 por

El pasado 14 de marzo moría el astrofísico Stephen Hawking a los 76 años de edad. Hawking era paciente de ELA, que le diagnosticaron a los 21 años. Su longevidad fue un caso muy poco habitual. Convivió con la enfermedad 55 años en una demostración más de la complejidad y variabilidad que la ELA adopta en cada paciente.

“Hawking vivió de forma intensa y plena. Siguió trabajando en lo que le gustaba y lo hacía a pesar de sus carencias, propias de los elàticos y siempre ayudado por los médicos que le facilitaban el día a día “. Estas son palabras de Josep Rof i Rof, uno de los pacientes de ELA más veteranos de la Unidad Funcional de Enfermedades de la Motoneurona (UFMM) del Hospital Universitario de Bellvitge. La ELA le fue diagnosticada a Josep Rof hace 17 años, cuando tenía 57.


Un diagnóstico y tres fases

Enamorado del Wolkswagen escarabajo y del Camper T3 y apasionado de la fotografía, Rof recuerda perfectamente cómo fue el momento del diagnóstico, después de múltiples pruebas y visitas a otros centros: “El 10 de mayo de 2001 recibí el diagnóstico del Dr. . Matos: tiene usted una esclerosis lateral amiotrófica y el promedio de vida es de 5 años. No se preocupe, controlaremos cómo reacciona la enfermedad en su cuerpo, me dijo. Sentí una ligera alegría al saber lo que me pasaba, aunque me llevaba un regalo para toda la vida. ¿Y cómo debía enfrentarme a ello? “.

La respuesta la encontró en la primera fase de su recorrido con la enfermedad, que denomina como “El duelo”. “Escondí el diagnóstico un largo año. No quería hablar con nadie. En casa había un libro de una chica mallorquina con ELA, “Soy Caty Salom”. Estaba colocado estratégicamente, pero yo no quería saber nada. Un día, sin embargo, cogí el libro y lo leí de un tirón. Con el libro superé el duelo que me había impuesto con mi ELA “, relata Rof.

Así pudo entrar en una segunda fase, de aceptación y divulgación. Recuerda que con quien habló primero de su enfermedad fue con su mecánico. “Entonces me di cuenta que la ELA era una gran desconocida; que la gente no sabe escuchar, prevalece más su resfriado que lo que le cuentas, a pesar de querer saberlo. Prevalece el yo que todos llevamos dentro “.

Y así llegó a la tercera fase, en la que transita sereno y que define como “Vivir plenamente sin saberme enfermo”. Escribió a los medios de comunicación, primero a los locales y luego en periódicos como El Periódico. Recuerda como El País le hizo una entrevista que se publicó en dos páginas. “Aprendí a escribir sin miedo. También dejé mis palabras en un libro familiar anual, “Recull” y ya voy por decimocuarto! “.

La escritura como recurso imprescindible

La escritura, a la que da salida en una serie de blogs en Internet, es ahora una actividad diaria “imprescindible” para Josep Rof, junto con la fotografía. Un ordenador portátil que le regalaron sus hijos fue la herramienta idónea para meterse de lleno. “Enseguida le cogí afición, le puse por nombre” El perro fiel de mi alma “. Allí dejaba las angustias; escribía sin puntos ni comas, ni mayúsculas, tal cual y me vaciaba la cabeza. Me sentía liberado cuando lo hacía y nunca lo devolvía a leer “.

El portátil también le ha permitido conocer y después estrechar vínculos con otros pacientes mediante el correo electrónico, aunque en ocasiones el desenlace es amargo. “A mí me ha llenado mucho poder ayudar. He compartido muchos correos, venciendo la timidez del interlocutor, abriéndose a mí, hasta que los mensajes empiezan a disminuir y llega un día con el temido silencio. La ELA no perdona por donde pasa y pasa. ”

Con la perspectiva de los diecisiete años de convivencia con la enfermedad, Josep Rof es un testigo privilegiado para valorar la evolución en el abordaje de la ELA. “En los primeros años teníamos que recorrer varios servicios para las visitas. Ahora todo es más fácil para nosotros, los elàticos y acompañantes. La unidad ELA de Bellvitge, con el blog AulaELA, y la Fundación Miquel Valls y su web nos han acercado el saber. En definitiva, el equipo de médicos ha acercado a los enfermos y familiares “.



Podéis seguir a Josep Rof en los siguientes blogs:





  •  

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§  Només vull dir-vos una cosa, per tots els que haveu fet possible ser entrevistat GRACIES!

§  També vull adreçarem el que pateixen una ELA ànims, VIVIU! cada moment de VIDA! lo millor possible.

§  Menció especial per els familiars i/o cuidadors, sense ells, sense el seu esforç  en el dia a dia, els elàtics només ens queda agrair-los amb un GRACIES.

§  Somrieu sempre a la VIDA!

§  Josep

lunes, 30 de abril de 2018

tañer, tañía, tañendo






¿QUÉ SERÁ EL TAÑER?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
resonando, húmedas, entre la lengua y el paladar,
emulando el sonido propio del bronce de las que emanan?
¿Será que tengan con que me quede en la boca
un dulce regusto a miel y sabor a aromoso romero,
impregnando mi lábil espíritu de inquietud y de ruego?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
de originales grafismos, que retornan a la mente
tantas horas de esfuerzo, ansiedad y ensueño?
¿Será que tengan con el ritmo de sus sones, cálidos y limpios,
en dos o en tres golpes emitidos, breves, francos, decisivos,
escoltando el eco que provoca el vibrar de su concepto?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’,
que evocan puntadas de retoque a vestidos ceremoniales
en el suspirado primer encuentro entre almas que se aman?
¿Será que tengan con el roce de manos alisando tálamos,
dispuestos entre la inocencia y el consciente deseo
de cuanto ya se ha vivido en el propio corazón?

¿Qué será que tengan las palabras tañer, tañía, tañendo,
con el suave vibrar de los cuerpo, entre besos y gemidos,
entornados los ojos repletos de imágenes alborotadas?
¿Será que tengan con suspiros, promesas y ‘te quieros’,
mientras las manos se entrelazan con el recuerdo
del olor a trigo segado que colma las noches de estío?

¿Qué será que tengan las palabras ‘tañer, tañía, tañendo’
que, entonando un cántico muy antiguo, casi viejo,
revivan tanto empeño entre la ofrenda y los sueños?
¿Será que tengan con el lánguido narrar del espíritu humano,
errando entre lo entrañable, lo bello, el amor y el anhelo
y canten un hecho, un pasado, un presente: tañer, tañía, tañendo?
                                                                                    Enrique Arís

 
 
Estas son mis dos pasiones, leer poesía i pasear con la silla, con mi Canon EOS 77D  para captar en la sencillez la BELLEZA! Que la  primavera  cada año puntual nos obsequia. De paso distraerme de mi longeva ELA que me tocó para VIVIR! Josep




jueves, 29 de marzo de 2018

rasguño




XVI (El ambulatorio)



Ahora estarás en el ambulatorio,

un centro de salud,

consulta médica,

es un pasillo inmutable y apático,

luz decaída, nada nuevo,

querías refugiarte en algún sitio

y entraste en un ambulatorio,

los ambulatorios son eso:

lugares donde hacer una pausa,

parecen transitorios, son lugares

de paso o estaciones de tren,

una sala de espera

donde mirar el hueco de un tiempo que se esfuma,

y estás en una silla al lado de un anciano,

esperando tu turno imaginario,

el turno que no tienes,

estás matando el tiempo, no sabes dónde ir

y escuchas lo que hablan:

necesitaba otra receta,

me falla la rodilla,

siguen las mismas náuseas,

el padre que acaricia el pelo de sus hijas,

la mujer que está ausente, despeinada o llorosa,

y el anciano que dice palabras para nadie,

una frase difusa,

una queja, otra queja,

sus gafas reparadas, esparadrapo, alambres,

el cristal con fisuras, calcetines caídos,

palabras hacia el suelo:

con sus labios no saben sino decir palabras,

sólo tienen su queja,

los miras porque sabes que son como un espejo,

son como tú,

y esperan,

no saben lo que esperan,

alguna solución, una salida,

una buena noticia,

la cita del análisis,

lo que traiga la sangre,

una cama más limpia,

bajar la fiebre un poco,

que se vayan las náuseas,

no saber, no sentir,

no necesitan demasiado, se contentan con poco,

si quisieran podrían levantarse y volar,

si pudieran volar, ¡ah, si pudieran volar!,

tal vez nunca lo harían.
                                 José Carlos Rosales (poeta)




Hoy levante airoso, sin pereza, con ganas, eran casi las ocho. Me asee, me vestí, subí al caballo de mi silla, con cinturón abrochado, dando un paseo recogí el Periódico.
Tenía cita a la nueve para almorzar con mi amigo Alfredo. No había llegado aún. Fui hacia su casa, unos metros del Bar Noguera, llegaba con su coche, aparco y los dos para el bar.
La fatalidad en una esquina adaptada, hizo que rozara con el palo de una señal de tráfico con el brazo izquierdo. Note el dolor. Imaginé la piel levantada.
Almorzamos, para mí una tortilla de patatas, para Alfredo churrasco.
Al medio almorzar note la humedad de la sangre. No me inmuté. Seguí con el almuerzo y la grata conversación. Le presente la Fuji STX-2 analógica de los 70/80as  la adquirí a un mallorquín. Ayer me llegó.
Tomamos café, sin prisas. Nos despedimos.
Me dirigí hacia el Ambulatorio, para curar la herida a mi brazo izquierdo. Lo que me temía la piel arrancada, como unos cuatro dedos. Regrese a casa con el vendaje hasta el codo.
Un día diferente. Presente mi joya con la ilusión de un niño. Un almuerzo con grata compañía. La enfermera simpática. Hoy descubrí por casualidad con "mister Google" el poeta. Que más se le puede pedir a la VIDA! Si la vivo plenamente. Josep  
 la fatídica senyal de prohibit,
la que amb va enganxar el braç